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Orlando NPE 2015 – Día 3…

Ya me convencí que no es lo mismo los Tres Mosqueteros que treinta años después. Orlando no es como Chicago, ni yo estoy en las mismas condiciones que en aquella mi primera vez en NPE, allá por 1984…

Anoche me fui a dormir con toda la intención de hoy salir a pedalearle a la expo a todo lo que diera. Antes había intentado ir a Epcot pero el taxista me dijo que estaba cerrado porque una compañía de plásticos había organizado una recepción en ese lugar. ¿En todo Epcot? Le pregunté. Me dijo que sí y pese a mi incredulidad regresamos a Orlando para pasar un rato al coctel de Bamberger, al que amablemente me había invitado Alfonso García, aunque llegué tarde.
¿Quién podría cerrar Epcot por completo para su fiesta en NPE 2015? Para quienes no lo conocen, Epcot en la noche se llena de gente que va a los más de quince restaurantes de tema nacional que rodean un gran lago donde, al terminar la noche, se puede apreciar el más impresionante espectáculo de fuegos artificiales, como el de los Olímpicos de Beijing, pero en inglés. Imaginen 15 restaurantes llenos de invitados comiendo y bebiendo a sus anchas y luego presenciando tal quemazón. Mimismo se metió -como siempre sin llamarlo- y me susurró dos nombres de compañías, uno con “S” y otro con “B”. El “S” lo descarté porque su cultura no les permite ese tipo de fandangos, eso creo. Me quedó “B” y Mimismo me dejó pensando pues si están echando la casa por la ventana en México, ¿Por qué no hacerlo en la NPE?…
Hoy me puse a averiguar y resulta que al final de los cuetes, el logo que apareció no fue el de “B” sino el de Siemens, lo cual añadió más confusión a mis lucubraciones. ¿Será que Siemens patrocinó los fuegos artiificiales para la fiesta de “B”? El misterio sigue…
A las 10 en punto estaba ya en el ala Oeste de la expo, listo para recorrerla. Antes de entrar me acordé de la primera vez que fui a una NPE, en 1984, en Chicago. Yo rondaba los tempranos treintas e iba con toda la enjundia para devorarme cada pasillo y cada stand. Así lo hice cada uno de los cuatro días y cada que regresaba a mi hotel descargaba bolsas con papeles y más papeles que había recolectado, folletos de materias primas y maquinaria que luego, en la báscula del aeropuerto, me cobraron la voracidad por el exceso de equipaje.
De entrada, el ala Oeste del centro de exposiciones es más larga que una marcha de la sección 22 de la CNTE en Oaxaca. No se le ve el final… Empecé a recorrer los pasillos y no había llegado a la mitad cuando mi lengua rozaba con la hebilla de mi cinturón. En eso estaba cuando recibí un mensaje de un colega mexicano diciéndome que estaba en el ala Sur. “Ahí te alcanzo” le contesté y me apresté a caminar el pasillo que une a los dos cuerpos del inmenso centro de exposiciones. Mi atrevimiento me hizo llegar con la lengua a las rodillas y echando pestes por la lejanía, además de añorando a las NPE de Chicago.
Llegando al ala Sur, recibo otro mensaje “Estamos en el ala Sur”. ¡Aquela…! Ahí voy de regreso pero ahora en un autobús porque a pie seguro llegaría pisándome la lengua…
Para ese momento, la espalda y las piernas me punzaban. “No es la distancia, es la edad” dijo Mimismo con sorna. Claro como él no camina sino sólo se monta en mi mente, no se cansa aunque sea tan viejo como yo…
Total, que al cuarto para las cuatro, habiendo visitado unos cuantos stands donde estaban los cuates, me dí, tiré la toalla (pior que en la esquina del Canelo) y me encaminé a tomar el autobús para venir a mi hotel y quitarme los calambres. Aún así, tuve que caminar un cacho porque la parada del bus #1 estaba del otro lado del edificio.
Después de una siesta, me puse a recapitular sobre lo que vi hoy en la exposición. Sin duda es más grande que las de Chicago, mucho más que nuestra Plastimagen pero lo que vi no dista mucho de lo que vimos hace unos meses en el Centro Banamex aunque con más expositores, más máquinas y más grandes, una chinada impresionante pero que no olía a “chopsui” por la buena ventilación que hay aquí y, la verdad, con menos gente en los pasillos.
En los stands sólo te ofrecen agua, nada de vino ni licor, muy pocos cacahuates y nada de canapés o cosa que se le parezca, de modo que la sed y el hambre la tiene que mitigar uno a precios exhorbitantes. Una botella de agua cuesta 45 pesos, un simple panini -aunque sabroso- no baja de los 120 y así por el estilo. Mimismo me explicó que así es The American Way…

 

De los stands, nada que no hayamos visto, salvo que el de Braskem, en lugar de lucir como un Titanic, parece la nave Enterprise de la Guerra de las Galaxias… Cuestión de escalas.
En fin, por lo que veo, las exposiciones en Orlando ya no son compactas como las de Chicago, no están hechas para personas de la Tercera Edad y aunque son como decía Gila “a lo bestia” muestran casi lo mismo que se puede ver en Mexicalpán de las Tunas. Entonces (o Ergo como diría mi amigo Germán) ¿On’tá el chiste? Yo creo que el chiste está en lo que se puede hacer después de las 5 de la tarde. Lástima que no traje traje (de baño) ni bermudas pero, sabiendo dónde está Walgreens y las sorpresas que suele dar, a lo mejor voy al rato a comprarme una playera floreada con cocodrilos o delfines, una camiseta de Mickey y unos “chors” para disfrutar un rato de la alberca del hotel…
Por cierto, lo del osito es caso cerrado, no diré más…
Saludos cordiales
Eduardo de la Tijera Coeto

 

PD: Café Plastitlán está ahora en los blogs de Tecnología del Plástico. Píquenle. Allá nos vemos…
PPD: Quienes no quieran recibir las Cartas al Industrial pueden solicitar que les retire de la Lista de Correos. No hard feelings…

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